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Isla del Tesoro

Robert Louis Stevenson (1850-1894)

1. Capitulo I El viejo lobo marino en la posada del ''Almirante Benbow''
2. Capitulo II ''Black Dog'' aparece y desaparece
3. Capítulo III El disco negro
4. Capitulo IV El cofre del muerto
5. Capitulo V Del fin que tuvo el mendigo ciego
6. Capitulo VI Los papeles del Capitán
7. Capitulo VII Salgo para Bristol
8. Capitulo VIII La taberna de ''El Vigía''
9. Capitulo IX Pólvora y armas
10. Capitulo X El viaje
11. Capitulo XI Lo que oí desde el barril
12. Capitulo XII Consejo de guerra
13. Capítulo XIII Cómo empezó la aventura
14. Capítulo XIV El primer golpe
15. Capítulo XV El hombre de la isla
16. Capitulo XVI El Doctor prosigue la narración y refiere cómo fue abandonado el buque
17. Capítulo XVII El Doctor, continuando la narración, describe el ultimo viaje del serení
18. Capitulo XVIII En que cuenta el Doctor cómo concluyó el primer día de pelea
19. Capitulo XIX El narrador primero toma otra vez la palabra. La guarnición de la estacada
20. Capítulo XX La embajada de Silver
21. Capítulo XXI El ataque
22. Capítulo XXII De cual fue el principio de mi aventura
23. Capítulo XXIII El reflujo corre
24. Capítulo XXIV El viaje del ''coracle''
25. Capítulo XXV Abajo la bandera del pirata
26. Capítulo XXVI Israel Hands
27. Capítulo XXVII Piezas de a ocho
28. Capítulo XXVIII El campo enemigo
29. Capítulo XXIX Otra vez el disco negro
30. Capítulo XXX Bajo palabra
31. Capítulo XXXI En busca del tesoro. El directorio de Flint
32. Capítulo XXXII La voz del alma en pena
33. Capítulo XXXIII La caída de un caudillo
34. Capítulo XXXIV Se cuenta el fin de esta verdadera historia

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Genres

Summary

La Isla del Tesoro es una narración llana, un romance fácil, un cuento sabroso con un niño por héroe, y que, á pesar de sus peripecias dramáticas y conmovedoras, conserva en todo el discurso del libro una pureza y una sencillez tales que no habrá hogar, por mucha severidad que impere en él, del cual pueda desterrársele con razón. Stevenson se propuso, además, describir con esa difícil facilidad que parece ser un secreto suyo, esas escenas y aventuras marinas en que el lector percibe, desprendiéndose de la sencilla narración, ya el olor acre de las brisas de la playa, ya el rumor de la pleamar deshaciéndose contra las rocas, ya el eco monótono de los cantos de marineros y grumetes empeñados en la maniobra. La fábula es sencilla pero perfectamente verosímil; con sólo que se recuerden los horrores que realizaron en los mares que dividen el Antiguo del Nuevo Continente aquellas hordas de piratas ingleses que tantas veces abordaron las naos de Nueva España y del Perú, se comprende la posibilidad de ese feroz Capitán Flint que, tras de adquirir un tesoro por la rapiña y la audacia, lo esconde en el corazón de una isla desierta para excitar con él, á su muerte, la avaricia y la sed de oro de sus mismos cómplices.